María Trinidad Herrero Ezquerro, recientemente elegida miembro del patronato de la Fundación Solidaridad y Reinserción, publicó el pasado 18 de enero de 2026, en el espacio Soliloquio de salud y género del periódico La Verdad el artículo titulado “Adicciones y dimensión de género”.

Herrero es catedrática de Anatomía y Embriología Humana por la Universidad de Murcia y una reconocida investigadora en el ámbito de la neurociencia. Es directora del Instituto Universitario de Investigación en Envejecimiento y miembro número 39 de la Real Academia Nacional de Medicina.

En el artículo al que se hace referencia, la autora sostiene que “las adicciones se han convertido en un problema sociosanitario que va en aumento”, haciendo especial hincapié en la diversidad de este fenómeno. Tal y como señala, “ya no se trata únicamente de adicciones a sustancias (drogas legales e ilegales), también existen adicciones a conductas […] o nuevas adicciones”, algunas de las cuales se desarrollan de manera silenciosa y progresiva.

Herrero subraya la importancia de reforzar la detección y prevención del desarrollo de las adicciones, afirmando que “se han de determinar las causas para poder interceptarlas preventivamente, ponerles freno y definir las consecuencias de esas conductas, ya que, si no, se corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso en espiral creciente”. Asimismo, remarca la importancia de la segmentación de los perfiles en función de la edad, ya que “Esta segmentación es absolutamente necesaria” para adaptar los mensajes a los distintos usos, lenguajes y canales de comunicación, puesto que “ese mensaje no llega igual a adolescentes que a personas de mediana edad o a adultos mayores”.

Tomando como referencia datos del Plan Nacional sobre Drogas la autora señala que, en relación con la adicción a sustancias, “la prevalencia de consumo es significativamente mayor en los hombres, excepto para los medicamentos (analgésicos e hipnosedantes) que es mayor en mujeres”. A ello se suma que las mujeres “entran más rápido en el proceso adictivo”, presentan mayor vulnerabilidad a los efectos adversos, mayor comorbilidad psiquiátrica y un riesgo incrementado de sufrir violencia de género.

Esta realidad ha sido, como destaca la autora, “el centro de atención de Proyecto Hombre”, poniendo de manifiesto la necesidad de “conocer y prevenir” las diferencias sociales, psicológicas y culturales que influyen en el desarrollo de las adicciones en hombres y mujeres.

El artículo concluye con una idea clave: en prevención, tratamiento e investigación “las peculiaridades de género existen” y los marcos de actuación deben “cristalizar siempre con dimensión de género”, ya que el impacto social y familiar de las adicciones no es el mismo para mujeres y hombres.